Amas de Casa Desesperadas
sábado, marzo 17, 2007
posted by Mr. Daho at 7:58 p. m.

Afuera, el cielo oscuro amenaza con desplomarse en plena tarde. Adentro, la luz de una charla amena, tan divertida como profunda, ilumina el living de Ana María Picchio en el que conviven, a escala de niño, un tocador de belleza todo rosa, un triciclo violeta, unas muñecas preciosas y un puñado de fantasías para quien no levanta un metro del piso. Su dueña, la pequeña Juana, no está ahora en la casa de su abuela. Está su abuela, la mujer que al tirar del ovillo de la memoria recuerda que "cuando era chica yo era muy varonera. Nada de muñecas. Me gustaba jugar a la pelota. A mí las nenas me aburrían. Yo sentía que tenía que defender mi casa y aproveché el componente masculino que heredé de mi mamá".
A la hora de la leche, entre galletitas dulces y café, sus recuerdos de la infancia sueltan un dato que no cae solo sobre la mesa: ese "defender mi casa" traía enhebrado otras postales de sus viejos tiempos en la casita de Floresta, sobre calle de barro y medianeras que juntaban más de lo que separaban. "Mi padre era chofer de la empresa Geniol y viajaba mucho, mi madre pasaba mucho tiempo ocupándose de mi hermana enferma y yo sentía que llevaba los pantalones. A mí me cuidaba mi abuela, que no era nada cariñosa, una tipa muy fría que cocinaba cosas fritas que me hacían mal al hígado. Pero la pasaba bien, porque los vecinos eran como de la familia, porque la veía a mi madre tan... tan madre, que me daba mucha fuerza".
De esos tiempos son las imágenes que ella guarda de su hermana, con una fuerte parálisis infantil en medio de la segunda epidemia de poliomielitis. "Mi mamá fue al Hospital de Niños y el médico le dijo: ¿Tiene otra hija? Sí, tengo una de 14 días. Bueno, tire ésta y ocúpese de la otra. Y mi vieja hizo todo lo contrario. No es que me descuidó, para nada: se sacaba la leche del pecho y me la dejaba en una mamadera. Pero peleó por mi hermana, que hoy está perfecta. Esa actitud suya, día y noche en el hospital, luchando contra los peores pronósticos, me marcó mucho".
A los 60 años, con 40 como actriz, confiesa que de aquellos días de pulmotores y vacunas guarda ella la asignatura pendiente de la medicina. Tal vez se trate de una vocación desatendida, quizás sea un eterno agradecimiento a la sanación, almacenado desde los viejos tiempos en los que uno cree en la vida eterna y la vida misma la pone en duda.
"Yo insistía con que quería ser médica, pero una vez que terminé el colegio mi mamá y mi madrina me llevaron a la rastra al Conservatorio de Arte Dramático. Ellas decían que tenía mucha gracia: en las fiestas familiares yo cantaba y bailaba y me había ido muy bien en unas clases de declamación. Pero cuando llegué al Conservatorio, con mi cuerpo algo rellenito y una cola importante, una profesora me dijo Con ese culo no se puede ser actriz. Y empecé a hacer gimnasia con unos plásticos en la cintura y lo bajé", cuenta la ariana que al poco tiempo recibió la primera señal de que estaba en el camino correcto: "Cuando cursaba el último año, Carlos Gorostiza, que era profesor nuestro, estrenaba Los prójimos y nos dijo que fuéramos a probarnos porque necesitaba dos chicos para gritar detrás del escenario. Fuimos todos al teatro de Artes y Ciencias y tuve la enorme suerte de que de golpe se descolgó una rata gigante entre cajas y yo grité como una loca. Queda la Picchio, dijo Gorostiza, sin saber cuál había sido el disparador. Desde ese día le tengo un cariño especial a las ratas".
Perro en el horóscopo chino, desde entonces filmó casi 40 películas, transitó todos los géneros de la TV y el teatro, con su elástica gestualidad como fiel aliada. Ahora, reparte sus horas entre las grabaciones de Mujeres de nadie —la telenovela que estrenará Canal 13 a la tarde— y los ensayos de Un día muy particular, la obra que subirá a escena el viernes 30, con Daniel Fanego.
La mujer que hasta pensó en hacer un gracioso unipersonal con el complejo que le provoca su cabello ("siempre digo que por este pelo, enrulado, algo afro, me convertí en una actriz lectora: era impresentable, no lo podía dominar, y entonces me encerraba y leía) comparte que "en el conservatorio me empecé a hacer amiga de las mujeres. Imaginate, conocí minas como Delia Garcés, Cipe Lincovsky... Mujeres con intensidad, mujeres con una historia, con pasión".
¿Te identificaste?
Seguramente.

Fuente: Diario Clarín.
 

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