Amas de Casa Desesperadas
viernes, agosto 25, 2006
posted by Desperate Fan at 9:27 p. m.

Casi a la vuelta de la esquina de los 40, Araceli González mantiene esa cara de muñeca perfecta de cuando sólo era la chica del aviso. ¿Se acuerdan de aquella estatua que se volvía real cuando le ponían unos jeans ajustadísimos? Tenía sólo 23 años y explotó, entonces, como la chica del momento, con el raro mérito de convertirse hasta en la protagonista de una historieta y de imponer un corte de pelo con nombre propio. Lluvia de propuestas mediante, la chica que se forjó en Ramos Mejía encontró rumbos nuevos en la actuación, la conducción y ahora en la literatura infantil: este año publicó "Ada y sus miedos", que es un éxito de ventas. Y, en breve, será Gabriela Solís, una de las protagonistas de la exitosísima serie norteamericana "Amas de Casa desesperadas" (Canal 13).

"Nunca había visto la serie. Era fan de 'Sex and the City', al punto de que me había comprado todos los dvd y veía hasta cuatro capítulos por noche. Cuando me propusieron lo de 'Amas...' no sabía bien de qué me estaban hablando", admite Araceli, sentada en su calentísimo camarín. Y sigue: "Tampoco imaginé que me iban a dar el personaje de Eva Longoria (entre otras cosas, es la sexy de la historia). Me molestaba el hecho de que fuera modelo."

-¿Por?
-¿Qué iba a componer? Yo quería un desafío. Hasta que empecé a meterme en su problemática, con esa cosa de insatisfacción personal que tiene con todo y hasta con su marido (lo interpreta Martín Seefeld), a quien ama, pero con quien se aburre porque él trabaja muchísimo. Grabriela es una mujer que tuvo una adolescencia difícil, que reacciona de una manera muy infantil. Tanto, que me causa ternura. Al final, lo de la modelo fue anecdótico.

-¿Miraste la serie?
-Al principio, sí. Pero después preferí no hacerlo más, porque no quería imitarla. Siento la presión de que nos comparen, hay muchísima expectativa con este programa. Por suerte, ahora me siento un poco más relajada. Y estamos muy contenidas, porque los directores la tienen muy clara sobre cómo deben dar los personajes. Estoy muy contenta de poder participar en este proyecto.

-¿Lo sentís como un reconocimiento?
-Sí, recién ahora siento como otro tipo de reconocimiento. Hay gente que me habla como que vengo de 10 años de éxito. Yo nunca lo sentí así. Sí hubo dos quiebres importantes: uno fue con "Nano", mi primer protagónico (hacía de muda, y le valió un Martín Fierro como revelación), y un gran desafío por el esfuerzo de expresarme a través de las señas. Y el segundo espaldarazo lo sentí con "Mujeres asesinas", en especial el segundo capítulo que grabé. Descubrí que había cosas en mí que podía entregar. Es que a partir de las experiencias vividas, del momento en que estés, le vas poniendo más peso a las cosas.

-¿Y qué momento es este?
-Uno de muchos cambios. En algunos momentos sentís que estás perdida, pero en realidad, te estás transformando. Es como un algo que sentís que te está apretando el cuello, pero que todo eso te lleva para otro lado. Así me sentí, especialmente, el año pasado. Estaba más en la búsqueda, golpeando puertas para contar que quería publicar un libro.

-¿Por qué escribiste "Ada, el jardín y los miedos"?
-Fue una necesidad de sacar cosas de adentro. Ada tiene mucho que ver con Ara. Es una chica que tiene una amiga imaginaria, que se va a otros mundos con los cuentos que le cuenta su abuelo, Fito. Ella, a través de los cuentos, logra superar su miedo a la oscuridad.

-¿Es autorreferencial?
-La verdad es que sí, me remite a mi infancia, a los cuentos que me contaba mi abuelo Rodolfo, a quien le decían, justamente, Fito, y que fue un gran referente masculino para mí. También me remite a mi hijo, Tomás (8), que hizo que recuerde esos momentos. Ahora estoy escribiendo sobre el miedo al agua, que todavía lo padezco. Mi idea es publicarlo el año que viene. Empecé a investigar en Internet sobre las profundidades del mar, los arrecifes, qué peces habitan ahí, cuáles son sus peligros. A partir de todo eso se desarrolla la aventura.

Pausa. Le suena uno de sus dos celulares, el rosa metalizado, que es la línea directa con la familia (el plateado es para trabajar). Hay que atender sí o sí. Araceli es de esas madres multifacéticas que trabajan, se cuidan, cocinan y salen, pero jamás descuidan a sus pichones: la bellísima Florencia (de su primer matrimonio, con Rubén Torrente) y Toto (de su segundo matrimonio, con Adrián Suar).

-Flor empezó a trabajar como modelo. ¿Cómo la ves?
-Muy segura y cumplidora. Toma su trabajo con mucha naturalidad. Sabe que es por un tiempo y ya tiene planeado estudiar Bellas Artes.

-¿Cómo es esa relación?
-No es fácil manejar a una hija adolescente. Ella tiene sus tiempos, sus momentos que tengo que respetar. Ya no es más como antes, que yo decidía todo, hasta adónde ir de vacaciones. Empieza a diferenciarse la relación y está bueno, porque es parte de la vida. El hecho de que ella haya querido ingresar a un medio como ese, en el que yo estuve mucho tiempo, hace que a veces tenga alguna crisis y se cuestione si la llaman por ella o porque es mi hija.

-¿Y vos qué le decís?
-Que OK, puede ser que una puerta se abra un poco más rápido, pero de ahora en más todo depende de ella, de lo que haga. Y no hay dudas de que será absolutamente suyo lo que consiga.

-¿Te pide consejos?
-Todo el tiempo. Y yo me cuido de no darlos si ella no los pide. A las madres nos cuesta entender que a veces los adolescentes necesitan un poco de privacidad. Yo quiero saber todo: dónde y con quién está, de qué habla, qué siente...

-¿Y? ¿Preguntás?
-(Se ríe) No, me muerdo la lengua. Le decía a mi psicólogo sobre esto y él me contestaba que si estaba la puerta cerrada, que era mejor golpear antes, no invadir. Tengo la sensación como que desde sus 12 hasta ahora, que está por cumplir 18 años, pasó todo muy rápido. Hasta se puso de novia (con Nicolás Cabré), con alguien que conozco hace años. ¡Si hacía de mi hermano en Carola Casini! (se ríe). A Nico lo adoro y es una tranquilidad saber con quién está mi hija. El ama a su familia, y tiene mucho que ver con la forma en que vivimos nosotros. Y eso es muy bueno para Flor.

- ¿Y Toto?
-Con él la relación es diferente, mantenemos todavía ese idilio de amor. Me dice que soy la más linda, que me adora. Para él soy la monja y es muy celoso.

-¿Habla de ser actor?
-Sí, claro. También para él todo esto es muy natural, no es como para nosotros (habla por ella y por Suar), que tuvimos que aprender, conectarnos, saber quiénes eran las personas, y hasta sentir miedo de entrar a un ambiente totalmente desconocido.

-¿Te pasó?
-¡Claro! Yo venía de Ramos Mejía, todo lindo, todo rosa, y llegar a un mundo así me daba terror.

-¿Qué te daba miedo?
-Desde viajar en tren o colectivo hasta moverme sola. Yo venía del barrio, todo era diferente. Me costaba relacionarme, no entendía los códigos. Yo había empezado a trabajar antes de terminar la secundaria pero, cuando me recibí, me agarró como una crisis de no querer salir de casa. "¿Qué pasa, no te sale nada?", me preguntaban mis conocidos. ¡Y tenía terror! No quería hacerme cargo de lo que se me venía. Fue como un proceso, y estuvo bueno respetarlo. MI familia fue fundamental en eso.

-Siempre hablás de Rosita, tu mamá, como un gran apoyo, y como una mujer muy luchadora.
-Totalmente. Vengo de una familia de mujeres fuertes, casi a la fuerza. Mi bisabuela tuvo 11 hijos, se habían instalado en Ceres y tuvo una vida muy sacrificada. Mi abuela María, que tiene 94 años, sigue cosiendo para afuera, tiene una potencia impresionante. Mamá, cuando se tuvo que poner los pantalones, lo hizo. Ella era profesora de danza, pero al casarse con papá dejó todo. Por eso yo me propuse desde chica que no me pasara lo mismo. La cosa es que a los 34, cuando se separaron, recibió un baldazo de agua fría que le transformó la vida. No tenía un estudio más allá de la danza, así que pasó por diferentes changas, que incluían coser gasas para hospitales, y a veces, en algunos empleos, se aprovechaban de su necesidad y ni siquiera le pagaban. Todas esas cosas uno las percibe y te generan un impulso arrollador. A los 12 años yo tenía claro que me tenía que subir a un Fórmula 1 y llegar hasta un punto. Ahora, ese punto está cumplido. Y estoy en otro proceso de mi vida.

-¿Perjudica ser una mujer tan fuerte?
-Sí, a veces hace que el otro se inhiba. Es muy complicado a nivel pareja, resolvés todas las situaciones sin ni siquiera consultar. En un punto es positivo, pero en otro no. Es más, a veces me dan ganas de relajarme. De todas las generaciones de estas mujeres que te cuento, creo que Flor, como su nombre lo indica, es el florecer de todas, ella es la mejor de nosotras, sin dudas.

-¿Qué la hace la mejor?
-Tiene la misma polenta, pero cuenta con algo muy femenino, que no sé cómo explicarlo, que tal vez nosotras tuvimos que tapar un poco por distintas circunstancias. Ella me impacta.

-¿Estás sola, Ara?
-Sí. Y puedo decir que pasé por todos los procesos. Al principio te sentís perdidísima, pero al final salís fortalecida. Ya decía mi abuela que lo que no te mata te fortalece. No deja de ser una frustración no estar en pareja, porque es lindísimo estar bien con alguien y, encima, a las mujeres nos lo inculcan desde el vamos. Pero no me quiero imponer nada. Ya me casé y me separé dos veces. Como le pasa a todo el mundo, cuando di el sí, lo hice pensando en que fuera para toda la vida, queriendo tener la mejor pareja, la mejor comunicación. Después, pasa la vida, evolucionás de distintas maneras, te vas modificando y a veces se termina. Por eso, cuando una pareja se rompe, uno tiene que entender que no se rompió la familia. De hecho, mi familia existe, son mis hijos y todo lo que tiene que ver con mi cotidianeidad. Uno empieza a acomodarse.

Con respecto a...
-(Interrumpe) Me vas a preguntar por Adrián Suar, ¿no?

-¡Por supuesto! ¿Cómo es eso de que te invita a irte de viaje con él, te regala vestidos? ¿Cómo es esa relación?
-Hay distintas separaciones. Algunos se vuelven enemigos. Otros, elegimos relacionarnos de una manera más relajada. Creo que mi relación con Adrián es la más fuerte de mi vida, no viví otra igual. Fueron 14 años juntos, me casé muy enamorada y tenemos un hijo en común. No me dio por el odio y el rencor, pero respeté mis duelos, me hice cargo. Estuve muy mal, no quería ni levantarme del sillón, y en esos momentos pensás que no te podés apoyar en nadie. Sin embargo, mis hijos son una enorme responsabilidad para mí y allí tenía cuatro ojitos mirándome. Me tenía que hacer cargo porque yo era la adulta, y así me fui fortaleciendo. Con Adrián nos relacionamos bien. Principalmente, por respeto a mi hijo.

-La gente siempre fantasea con que se arreglen. ¿Te pesa?
-A veces me genera un "uff, ¿de nuevo?". Hay procesos que ni uno los entiende, por eso hoy te digo esto, pero mañana puedo cambiar por completo. Pero entiendo que la gente pregunta por cariño. Nosotros nos conocimos en "La banda del Golden Rocket", que era un boom y la gente vivió lo nuestro a través de las revistas, así que lo entiendo. Más que nada, a Adrián lo respeto como profesional, como padre de mi hijo y por el amor que le tuve durante muchos años.

- Más allá de lo que fantasee la gente, ¿hay vuelta o no?
-Mirá, esas cosas nunca se saben. En este caso somos dos personas que no volvimos a formar una pareja. Por otra parte, yo no soy de esas que tienen 80 tipos, no me interesa el "touch and go". Soy de relaciones duraderas, de estar con alguien sólo si realmente quiero estar con él. Y cuando tenés hijos, no es fácil armar una pareja nueva. Hoy, si tuviese una pareja, sería fuera de mi casa.

-¿Y te plantearías volver a ser mamá?
-Yo siempre dije que a los 40 iba a tener otro hijo (se ríe). Me falta poco... Pero sólo en el caso de tener con alguien la misma intensidad que sentí las dos veces que fui madre. La verdad es que un hijo me encantaría.

Fuente: www.clarin.com
 

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