Amas de Casa Desesperadas
sábado, diciembre 09, 2006
posted by Desperate Fan at 3:08 p. m.

Suave música brasileña de fondo, un Botánico que se intuye por la ventana, unas delicias de chocolate sobre la mesa, un alma abierta y dos ramos de flores que, con el correr de la charla, tendrán seguramente su fundamento. También puede que se trate de un simple toque decorativo. O, mejor aún, de una alianza entre el estado de ánimo y el estado de las cosas. Algo así como un tejido armónico que encuentra a la dueña de casa con un alivio y una sensación de felicidad que va más allá de lo discursivo. Cecilia Roth está como flojita en la vida, como profunda en el modo.
Y entonces, mientras su hijo le roba sonrisas con sus ocurrencias, ella cuenta la sensación casi inédita en el último tiempo de "tener vacaciones concretas. Estuve 13 años sin hacer teatro en la Argentina y con el teatro me pasa algo muy particular: es ahí donde tengo la noción verdadera del laburo cotidiano. En el cine y la TV también se da eso, pero se mezcla con cosas que no tiene que ver con el trabajo actoral propiamente dicho, con esperas largas, con situaciones técnicas que no dependen de uno... En el escenario estás con tu cuerpo y tu almita, en una ceremonia en la que el placer y el sufrimiento o el deleite y el cansancio del trabajo realizado son sensaciones muy definidas. Y hacía mucho tiempo que no sentía eso. Eso se me conjugaba porque la luz tal cosa o la espera tal otra. No sabía de qué estaba descansando exactamente. Ahora sé de qué descanso".

¿De qué?
De mí, claro. Y es bárbaro. Yo soy una enferma cuando estoy trabajando: de día pienso en la función de la noche, cuido la energía, reviso esto, aquello... Digamos que hasta hace unos días estaba un poco harta de mí.

Hasta hace unos días, como dice ella, tenía los Días contados, obra con la que volverá a escena el 17 de enero, en el Complejo La plaza. La última función se sumó al final de grabaciones de Amas de casa desesperadas (Canal 13), con lo cual, desde hace una semana "tengo un estado de cero culpa. No estoy respondiendo a nada de lo que antes sí respondía. Me levanto, a las 8 llevo a mi hijo al colegio, si me acosté tarde no lo llevo y está todo bien, no lo defraudo. Y si quiero ir voy, y duermo cuando vuelvo. Ya no explico ni me explico tanto. Siento una libertad que hacía mucho que no tenía".

Eso no se construye en unas simples vacaciones...
No, claro que no. El otro día me contaron una anécdota maravillosa que me dio para pensar muchísimo. La madre de China Zorrilla tenía mucho miedo a las enfermedades y a la muerte. Eran dos temas de los que no se podía hablar en su casa, nunca. Hasta que se puso muy viejita y se empezó a acercar a la muerte. Y un día le dijo a China: Qué bien está hecho todo. El miedo le está dejando paso a la curiosidad. Esa frase me pareció de una gran sabiduría y me ayudó a resignificar muchas cosas.

Cruzada de piernas sobre su sillón blanco, con un café a mano y la confianza instalada en el living, solita nomás se animó a compartir que "hace tiempo empecé a sentir un estado de serenidad muy gratificante, que llegó después de una gran crisis. Se me había cambiado el mapa, tuve cambios en la relación con mis vínculos, se murió un amigo muy querido. No hubo un disparador. Fue como un zarandeo general y muy profundo. Sentía que me había perdido en algún momento".
Sin necesidad de detalles, cuenta que el quiebre comenzó en el 2001. La ex mujer de Fito Páez confía que "fue una crisis de tanta intensidad que hasta casi me quedé pelada, te diría. Se me empezó a caer el pelo y de pronto sentí que nunca más me iba a crecer. Me lo dejé hasta un poquito más abajo de las orejas y la gente me preguntaba ¿Por qué no te lo dejás largo? Y yo decía me lo estoy dejando... Fue bravo, con fuertes dolores a los que te vas acostumbrando y de golpe empezás a ver la vida a través de ese dolor y todo se vuelve sepia, gris. Después de animarme a atravesar esas zonas, el color fue cambiando, el pelo fue creciendo".
No habla del cabello precisamente. O no, al menos, solamente. Habla de una etapa que logró superar. Atrás quedaron entonces los tiempos en los que se sentía "atomizada. No me comprometía con nada, todo me pasaba por encima. Y un día, durante muchos días, empecé a juntar mis pedazos. Y ahora disfruto las mañanas, la vida".
Nacida en Buenos Aires, crecida en España a fuerza del exilio, la chica que reconoce que no sabe dividir mas sí multiplicar, regala —entre otras frases de una tarde que ganó color con las palabras— que "me cuesta mucho ocultar lo que siento, para bien o para mal. A veces tengo que reprimirme un poco, pero soy de las que se hacen cargo".

Fuente: Diario Clarín.

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