Amas de Casa Desesperadas
sábado, octubre 14, 2006
posted by Desperate Fan at 1:25 a. m.


Sí. Tiene dientes infinitos, mirada de perro abandonado, brazos de Hércules y dice: “Me siento más cerrado al amor. Quiero ir a una isla donde no haya tele y no me conozca nadie”. Lo dice el actor Rodrigo Guirao con las ganas de aislamiento generadas por la primera fama. Si bien su imagen adquirió estado público como modelo y en las series televisivas Media falta e Historias de sexo de gente común, a los 26 años entró en el circuito estelar a los besos y manotazos con Araceli González en Amas de casa desesperadas. “Estar en el dream team te da cosa porque sería mucho más fácil desentonar –teoriza–. Cada vez que lo veo digo: ‘¡Waw! Estoy contento porque para mí no desentono’.”

—¿Creés que llegaste por ser lindo?
—Yo creo que la belleza es un doble filo. Te puede ayudar para que vean tu casting. A la vez, me da la impresión de que tenés que actuar el doble, pero también a los actores se les agradece mucho cuando se despojan de esa imagen.

—¿La belleza te genera culpa?
—No es algo de lo que me sienta orgulloso. No hice nada. Me emociona que me digan que con poca experiencia estoy actuando re bien. Por ahí me dura dos semanas. Ahora... si me dicen que les gusta cómo me queda tal musculosa, se me olvida al segundo.

En la vaina.
Está por comenzar las grabaciones de Amas de casa desesperadas en su versión colombiana, en la que va a interpretar al jardinero de los sueños de cualquier mujer, como en la tira local, y repite sin trabarse en tono antinatural: “Susana azuzaba en el sésamo santo al sucio asesino”.

Su nombre completo es Antonio Rodrigo Guirao Díaz, pero como en el colegio lo cargaban por el doble apellido y el primer nombre (que remitía a su padre, a su abuelo y bisabuelo) firmaba las pruebas sólo como Rodrigo Guirao porque suena corto, como el de sus ídolos: Marlon Brando y James Dean. “Me llamaba la atención que alguien como Dean, con tan poco trabajo realizado, pasara a ser inmortal –dice–. Después descubrí que era fanático de Marlon, como yo. Lo primero que me llamó la atención de Marlon es cómo rechazó un Oscar, y me pareció algo hasta no humano porque era un renunciamiento al ego, a la vanidad. El tipo lo rechaza en nombre de la lucha por los indios que defendía. Entonces me dije: ‘Este pibe está re loco o es un genio’. Así que me hice fanático.”

—¿Preferís una vida corta e inmortalizada como la de James Dean o larga como la de Marlon Brando?
—Mi ejemplo es Al Pacino. Es un actor que con la edad que tiene sigue laburando, sigue haciendo cosas buenísimas y lo más rescatable de él es que hasta el día de hoy sigue estudiando, sigue entrenando.

Intimo.
A Guirao le gusta ese momento de la noche cuando llega a su departamento de Palermo, pone la comida en el microondas y se tira a escuchar música o a ver alguna película.

Fue criado entre Vicente López y Belgrano por su madre –su padre murió cuando él tenía once años– junto a sus dos hermanos mellizos de 24. Según dice, son muy parecidos a él, pero uno se dedica al diseño y el otro a la música.

Su primer trabajo fue de electricista y el primer sueldo lo destinó a comprarse un jean. También fue mozo en el Hard Rock Café. Ahí se armó una banda con el compañero de trabajo que atendía la puerta y el barman. Cuenta: “Jodíamos con que la banda no había llegado; entonces, me subía al escenario vestido de mozo y decía que podía tocar la guitarra, subía el resto y armábamos la banda”.

Usa anteojos de miope con -0.75 de aumento y le gustan personajes tales como boxeadores, mafiosos y estafadores. Ahora ahorra para irse de viaje a Cuba. “Más que nada por la gente, la música. Empecé a tocar la guitarra con Steve Ray Bogan y ahora se me empezó a dar por escuchar otros ritmos más brasileños, cubanos y africanos.”

Y lo más importante de la entrevista: declara no tener novia ni novias.

Araceli y el sueño Madame Bovary

Rodrigo Guirao se tuvo que afeitar el pecho para interpretar a Juan, el jardinero de 17 años con quien Gabriela Solís (Araceli González) engaña a su marido, Carlos, interpretado por Martín Seefeld. Pero su imagen inocente, de niño indefenso que va a ser comido por una loba adornada con brillos y boca de caleidoscopio, desaparece no bien deja de cortar la ligustrina y larga la podadora para arrebatar a Gabriela de la cintura y marcarle la boca y el cuello con besos. A escondidas.

El que domina la escena es él. En la cadencia del cortejo se convierte en un salvaje provocador y ella se deja seducir por la furia sexual de la adolescencia. De esta manera, Gabriela concreta el sueño Madame Bovary. Porque siempre que exista el hastío por la vida va a haber una mujer que se entregue a las intensas fantasías del amor. Mientras tanto, en el jardín delantero de la casa el pasto crece como si no hubiera un jardinero eficiente en su trabajo.

Fuente: www.perfil.com
 

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