Amas de Casa Desesperadas
sábado, enero 20, 2007
posted by Mr. Daho at 5:50 p. m.

A Gabriela Toscano no le gustan las fotos. "Prefiero que me saquen pensando o actuando. No me acostumbro". Pero se entrega a la sesión de disparos en la escaleras del teatro Liceo y en el escenario donde hace La duda, junto a Fabián Vena.
Tiene fama de parca, de mujer de palabras amables pero medidas, secas; de alguien que quiere mantenerse alejada del ruido, pero que está en el medio artístico desde los 4 años.
Debutó en un musical; hizo comerciales; actuó en puestas recordadas como Madera de reyes, La gaviota y la multipremiada La prueba, su primer gran trabajo teatral; ganó un Martín Fierro por su actuación en televisión en Culpables; y en cine filmó El exilio de Gardel, de Pino Solanas, hizo de Susana Giménez niña en La Mary y recientemente se la vio en El buen destino, el debut como directora de Leonor Benedetto, entre muchos otros trabajos.
Después de la sesión fotográfica, Toscano se vuelve más accesible; habla pausado, piensa las respuestas, las ordena y las desordena. Y dice eso de mehicierontantasnotas. Habla de La duda, de la dirección de su marido, Carlos Rivas, de Amas de casa desesperadas y de lo difícil que es intentar seguir una carrera —para decirlo de alguna manera— coherente. Habla moviendo dulcemente las manos. Cuando pasan los minutos, la fama de mujer parca se transforma sólo en eso. En fama.
"La duda" fue realizada por Susú Pecoraro y luego te llamaron para reemplazarla. ¿Cómo fue llegar a una obra ya estrenada y premiada?
Al principio, me sorprendió. Susú tenía otros proyectos y no quiere hacer más de una cosa por vez. Me dio un poco de miedo la convocatoria. Conocía la obra y la había visto en la Argentina y en los Estados Unidos. Ensayé seis horas todos los días durante un mes; en cambio, mis compañeros habían ensayado dos meses y medio. Después de los nervios iniciales, me concentré en la historia que tenía que contar. Ahora creo que la obra está lista, pero siempre se necesitan algunos ajustes. Suelo decir que la labor teatral es como el té: hay que esperar que se asiente para tomarlo.
¿Es cierto que fuiste a un colegio de monjas? ¿Te sirvió de algo esa experiencia a la hora de construir el personaje?
Sí, en sexto y séptimo grado. Es más, en esos años quería ser monja y en la obra interpreto a la hermana Luisa, la directora de un colegio religioso que duda de la honorabilidad de un profesor. En broma, en mi familia me dicen que cumplí el sueño de ser religiosa. Mi directora era la hermana Victoria, una mujer de mucho carácter y disciplina, pero con buen semblante.
¿Hacés trabajo de campo para componer un personaje?
No suelo hacerlo. Trabajé el comportamiento de esa religiosa, que es mucho más tosca de lo que soy yo. Cuando voy componiendo el personaje, empiezo a creerme ese rol y aparecen nuevos aspectos en esa religiosa. En eso consiste ser actor: en trabajar el instrumento. Pero lo tengo que mantener. Nunca está completamente listo.

La acción transcurre en 1964. Los hechos suceden en el colegio religioso San Nicolás de las Hermanas de la Caridad, en el Bronx de Nueva York. La directora de la institución (Gabriela Toscano) detecta actitudes sospechosas de un superior suyo, el cura más popular y progresista de la parroquia. Ahí comienza la duda. Y ahí comienza el camino —nada sencillo— por llegar a la verdad. En la obra, Toscano es la hermana Luisa. Y detrás del escenario, en la dirección, está Carlos Rivas, pareja de Toscano.

Después de "La prueba", ¿te sigue resultando raro ser dirigida por tu marido?
La prueba fue la primera experiencia y la superamos. Los roles están bien claros y, al margen de esta obra, hacemos un buen equipo creativo. Yo propongo muchas cosas y necesito un director que sepa escuchar y aceptar sugerencias. El te lleva por un camino y, sin darte cuenta, terminás haciendo lo que él quiere. Y tiene algo muy importante: sigue corrigiendo mientras pasan las funciones.
¿Pero no resulta agotador? Es como llevar el trabajo a casa...
Mi hijo Bruno nos dice: ¡Basta de hablar de teatro! Pero para nosotros este trabajo es una pasión y sentimos un gran placer al hacerlo juntos. No lo digo porque sea mi marido, pero él sabe mucho de la naturaleza del actor y de cómo contar una historia. Me siento protegida y con posibilidad de desarrollarme como actriz.
Tu personaje en "La duda" tiene aspectos en común con el de "Amas de casa desesperadas". Son dos mujeres solas. Una, busca el amor; y la otra, se hizo monja después de enviudar...
Sí. Susana, de Amas de casa..., fue una ingenua, creyó y la traicionaron. Es un personaje que está solo y buscando un nuevo amor. Luisa no busca amor, pero también tiene una soledad inmensa.
¿Vuelve el programa durante este año?
No sabemos nada. Iba a retornar en marzo o abril, pero ahora está en stand by.
El último programa diario que hiciste fue "Media falta" en 2005. ¿Le escapás a las tiras?
Sí. En las tiras todo se va escribiendo sobre la marcha y esos cambios van inventando un personaje muy diferente al original. Todo es muy urgente y estresante. Prefiero hacer cosas como Amas de casa... o Culpables, que ya están escritos y te dan un poco más de tiempo de elaboración. Sin embargo, reconozco que las tiras son muy emocionantes y tienen una adrenalina especial.
Estas elecciones quizás alimenten tu fama de mujer algo parca y perfil bajo...
No tengo un perfil tan bajo y no soy tan dura como parezco. Creo que lo más importante que tengo para darle al público es mi trabajo; quiero transmitir mi mundo a través de los personajes que hago. Mi vida personal no tiene nada que ver.
Pero da la sensación de que hoy las carreras se construyen a partir de los trabajos y también de una exposición mediática fuerte...
Es difícil mantener una carrera a partir de tus elecciones profesionales, pero hay muchas actrices que lo hacen. Tenés que estar en el medio, seguir trabajando y ubicarte en una línea de conducta. Repito: no es fácil. Es más cómodo tirar la chancleta.

Cuando dice no es fácil, Toscano abandona la posición rígida y se desploma en el asiento, como si la hubiesen obligado a jugar a las estatuas durante horas, como si mantener la línea de conducta fuese una tarea para la casa difícil de hacer.
Y señala, con cierta preocupación, a un nueva generación de "chicos que empiezan la carrera", que se crían en la televisión y no en las salas de ensayo, que van del canal a la casa y de la casa al canal. "Para ser buen actor, uno tiene que crecer en la vida, ver lo que pasa alrededor y ser una persona sensible. Los personajes que se crían en la pantalla comienzan a ser televisivos las 24 horas del día y no tienen mucha relación con el mundo real. No alcanzan capacidad de desarrollo. Los actores debemos tratar de contar historias y que la gente pueda reflexionar en torno a ellas. Para eso estamos".
Y habla de sus maestros. De los escenarios compartidos con Leonor Manso, Susana Campos o María Rosa Gallo. "Ellos venían con un bagaje muy fuerte", dice Toscano, que cada tanto se endurece, pero sin perder dulzura. Una alquimia que esta altura parece una marca registrada.

Fuente: Diario Clarín.
 

Mira mis estadisticas.!